Canto bárbaro

Corría Walt Whitman por los caminos de la guerra, saltando muertos y esquivando balas como una asustada enfermera. Yacía Ambrose Bierce amarrado en los rieles de un tren, del tren del progreso, el tren de los indios muertos de México. Y Whitman era Bierce y se salía su corazón, se acortaban sus pasos de gigante y contemplaba el cielo de fuego como Emily Dickinson aburrida en su vieja habitación, como la puta Emily Dickinson poseída por los duendes. Y cantaba, cantaba Whitman el canto cínico de los ancestros bárbaros, el canto de los borrachos de la nieve, el canto del fin, el canto de los monjes de fuego descabezados, otra canción sobre una ruina y un amor perdido.

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Montserrat

Nací en una carretera perdida, entre monstruos desesperados y duendes de risa diabólica, navegué entre monjes resignados y bibliotecas vacías, y la tímida música me acompañó, y me acompañó lo absurdo y tus tímidos besos y el delirio de la luna en los imaginarios desiertos, me pierdo en este hospital del mal entre naves averiadas y risas perversas, no le importo a la rubia enfermera y ya no sé qué escribir entre pastillas atómicas, entre comida barata y lejanas luces de neón, y juego con mi gemelo y los espejos mientras le limpian el culo a los viejos en la noche, en la misma noche, y veo unos ojos que son los nuevos ojos del pasado, de la mujer que me abandonó esa noche de alcohol y libertad, ya no me importan los gritos, ya no me importan las palabras, solo quiero bailar en el jardín mientras escupo a dios y levanto la falda de los ángeles y exploto en el vacío sagrado de las pastillas de colores y las promesas de psiquiatras y no quiero escribir más novelas como tontos ladrillos, quiero explotar todos los edificios de la corrección en la ciudad perversa, quiero quemarlo todo antes que se acabe la inspiración, otro dia mas en este hospital de ricos, otro estúpido día más en este cómodo hospital en el que bailo con las hormigas y asusto a las médicas jóvenes, ni siquiera me puedo morir todavía en esta cómoda cárcel de batas blancas y paredes blancas y pesadillas blancas, ni siquiera puedo morir todavía.

Cae el gordo Flaubert de la escalera soñando a Turgueniev

La furia de los caballos en el campo estéril, cae el gordo Flaubert de la escalera cuando piensa en Turgueniev. Nada se justifica, nada vale la pena, nos perdemos en el opio digno mientras las casas se derrumban y los alemanes imponen su brutalidad. El dolor de cabeza es insoportable y ya no me cura escribir, ya no me importa ser burlado o celebrado por los mediocres, ya no quiero cenar con reyes o revolucionarios impostores.

La frustración de los caballos encerrados en el campo yermo, la estupidez de tus padres, la estúpida vida, los almuerzos iguales de la vil rutina. Tus anhelos eróticos y mi indiferencia, la difícil ciencia de mi pasión, nada vale la pena en la bombardeada parís de peste y falsa decadencia, nada vale la pena en las botas de alemanes brutos, en la ambición de los que no bailan, de los que no beben, en las espadas de los débiles. Te regalaré mi tesoro, te regalaré mis libros, te regalaré mi luz, solo moriré alejado de tus sueños de centro comercial, incendiado en mi huraña vanidad.

Dios fallido

Intentaba escribir de nuevo, intentaba ser dios de nuevo en la oscura noche, en la lluvia furiosa, intentaba crear de nuevo a hombres perversos en paraísos estúpidos, hombres sumidos en el deseo, hombres esclavos de la muerte, hombres inútiles vomitando en callejones, mujeres anhelantes en bares oscuros, mujeres aplastadas por la fuerza bruta, mujeres explotando de placer en sucios hospitales, mujeres bañando de vagina a hombres torpes y esclavos, intentaba crear a dios otra vez, a otro dios inútil, a otro dios vago, pero no me sale nada, pero estoy muerto, pero me pierdo en las drogas de esclavos, me pierdo en las religiones del miedo, en la esperanza de idiotas, me pierdo en buses de carne bruta, en túneles iguales que llevan al infierno, me robo las estrellas en la noche sin luna, en la noche sin dios, sin inspiración, en otra noche igual entre maricas drogados y noticias repetidas del fin del mundo, en nuevos aburrimientos y en las tinieblas del ocio, ya no fui luz, es demasiado tarde.

Tristeza Samurai

La tristeza del Shogun en las ventanas rotas, las cabezas cortadas en la hierba infinita, no espero tus ojos en el ruido de las habitaciones, en las puertas que se abren y cierran y nos llevan al mismo lugar, un río de sangre, un río de sake. Unas horas de desorden liberador, la eterna burla de los rostros femeninos, un nuevo caos, una nueva destrucción, nuevas reglas que se llevará el viento con estatuas de dioses rotas y un nuevo reino que terminará pronto.

Twitter trip

El fantasma de Borges me ayuda a recorrer el infierno en las habitaciones iguales, en las cañerías del capitalismo, en los sueños de fama del ejército de trolls que me persiguen en un reino de palabras vacías e historias resumidas, en las guerras de payasos y la furia de la masa sin nombre y sin rostro, sin alma y sin memoria. Me busco entre las ruinas de luz, en las estúpidas casillas, me pierdo en el mar de los unos y los ceros, me encuentran en la calle y se ríen de mi vanidad.

Dos líneas

Dos líneas de cocaína y creo otro paraíso sangriento, dos líneas de cocaína y soy otro estúpido dios ambicioso en las tinieblas eternas. Dos líneas de cocaína y creo la luz y creo los monstruos. Vago en los suburbios fríos del capitalismo, vago y río en las rutinas de los demás, en el afán de los monos de gimnasio, de los monos con gomina y corbata, me masturbo en los viejos parques, corro en las noches de lluvia, bailo sobre las ruinas de tus padres, doy vueltas hasta perderme en la dictadura del sol asesino, en las ruinas del amor.

Un día especial

Nací otro día gris en que elefantes drogados daban vueltas en el cielo y la lluvia ácida dañaba las almas de los buenos. Ese día hubo otra revolución, otra furia de espadas, otros reyes, otros muertos. Ese día hubo otra estúpida música y otros excesos y otros libros quemados y otras almas resignadas en el paraíso del mal. Ese día hubo otras mujeres golpeadas en diminutas habitaciones y algunos logros deportivos, gente infeliz sin trabajo, gente infeliz con trabajo, carros estrellados y héroes asesinados. Nací en un blanco y cómodo hospital privado pagado con los ahorros de mis abuelos y un chico negro más ágil y ruidoso que yo nació a mi lado; yo aplastaba sus piernas en ese mundo cerrado en donde al parecer fuimos felices.

Espero que estén bien

Después de guerras mundiales y un par de bombas atómicas recuerdo a mis ex novias con gran ternura, su búsqueda de la felicidad estúpida, sus piernas depiladas de hierro, sus sueños de revista, las flores de sus corazones y sus plantas carnívoras. No las extraño, espero que estén bien con sus ilusiones rotas y sus amores cansados, con sus trabajos resignados y sus esposos funcionales, espero que en las noches le aúllen a la luna y que no descuiden la sabiduría de las hierbas y los venenos. Que sus almas acomodadas en apartamentos iguales se acuerden un poco de mis manos y sus labios dulces de mi pene y tengan pesadillas con una vida conmigo, una vida que fue en otro universo, en un Hiroshima de flores, en un Berlin de parques circulares en los que no se siente tanto la ausencia, una vida real, con un poco más de libertad, con cruces menos pesadas, con escapes más amplios. Espero que estén bien, que puedan dormir en la noche sin pastillas.